En mayo de 1.993 en el frio municipio de Caldas Antioquia, donde aún se siente el ambiente de campo, un joven de 14 años de edad, vivió “el peor acontecimiento de su vida”. En esa tarde, un cáncer cobró la vida de su madre, dejando en él un impacto psicológico que lo llevaron a tomar un camino errado.
En el municipio de San Rafael, tras el mal cuidado de su padre y bajo la discontinua supervisión de una tía monja que no contaba con el tiempo suficiente para prestarle la atención necesaria, Adrian Blandón conoció un mundo lleno de amargas experiencias, visiones falsas e incredulidad en él mismo, todo debido a la necesidad de huir de su mundo, buscó salir adelante por algún medio.
Pasados 13 años, el joven Caldeño conoce un grupo de jóvenes en el barrio La Valeria del municipio, esa tarde de verano se encontraban en una clase de macramé (arte de hacer nudos decorativos) por iniciativa propia, en un proyecto que lidera la Gobernación de Antioquia desde el año 2009, con el fin de incluir todos los jóvenes del municipio que quieran aprovechar una oportunidad para aprender nuevas formas de vida, intentando en igualdad de condiciones, huir de diferentes conflictos como la drogadicción: bazuco, heroína, marihuana, sacol, entre otros. Violencia intrafamiliar, psicológica, social; algunos, relacionados con armas de fuego que cobraron la vida de algunas personas.
En el momento que Adrian comienza a pertenecer a este proyecto “Jóvenes Construyendo Futuro” recobra el protagonismo de su vida. En el 2010 comenzó a aportar ideas para solicitar a la Gobernación, como variedad de cursos y clases, y aunque se contaba con algunas de arte, se lograron otras como: becas en El Centro Artístico y Cultural “Sócrates” donde pueden demostrar sus destrezas y como dijo uno de sus participantes “por medio del pincel se abandona el fusil” y otras entidades para estudios de idiomas. Aproximadamente cada tres meses, cuentan con charlas y capacitaciones de código penal, La Constitución, consumo de alcohol y drogas, violencia intrafamiliar, entre otras que aportan a la conciencia de reconstrucción y prevención de conflictos a los cuales están expuestos en la sociedad que se envuelven, como dice Adrian “una sociedad llena de diferentes oportunidades, de las cuáles debemos aprender a diferenciar cuáles nos aportan para bien y cuáles nos destruyen”
La Granja
Una o dos veces por semana estos jóvenes tienen la oportunidad de estar en “su granja”, una finca que inicialmente se encontraba descuidada y sucia en el municipio de Amagá, Antioquia, que ofreció Don Pedro Antonio Tamayo, un hombre solitario de 60 años que dispuso su único “tesoro” al servicio de estos jóvenes. Ellos con la motivación de cuidar de un proyecto individual, han logrado la organización desde el camino árido que ingresa a la granja para facilitar la entrada de los carros, hasta cada rincón de esta antigua finca, donde cada uno se involucra aportado en una intención propia. Cuentan con diferentes animales: cerdos, pollos, conejos y pájaros, también con siembra de: papa, cilantro, cebolla y lechuga.
Allí, cada uno en sus dos visitas semanales va con el foco específico de su plan, sin dejar de lado algún imprevisto que se presente y requiera atención inmediata en este mismo lugar.
Cada jueves se reúne todo el equipo para que al amanecer del viernes a las seis de la mañana, todos despiertos con el chorro de agua helada y con las pilas puestas, esperen con entusiasmo una mañana de triunfos. El día comienza con el desayuno, compuesto por alimentos que cada uno lleva y preparado por uno de los compañeros, sin embargo cada jueves es un rostro diferente. Durante este medio día ellos aportan a un qué hacer dentro de la finca, apuntando a tener todo en orden (limpieza general, desherbar, dar de comer a los animales, cuidar los cultivos…) entre el medio día y la una de la tarde, sus rostros de fatiga y mirada apagada reflejan la hora de dar un descanso y retomar fuerzas con el almuerzo que es preparado en igualdad de condición al primer alimento.
Después de un merecido descanso en la “manga” o en una colchoneta, cada uno invierte su tiempo en el arte que se especializa (pintura, macramé, esculpir, dibujar…) que han aprendido durante el tiempo que llevan con el proyecto. Llenos de satisfacción y alegría, terminan la tarde, regresando a sus hogares con una vivencia más que aporta a su crecimiento personal, psicológico y social.

Fotografías sacadas de:
Pag. en facebook "jovenes contruyendo futuro"
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